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viernes, 16 de agosto de 2019

150 AÑOS DE LA BATALLA DE ACOSTA ÑU.

LA BATALLA DE LOS NIÑOS.
La batalla de Acosta Ñu es uno de esos hechos que si hubieran sucedido en algún país de Europa o en Estados Unidos, estarían hoy exaltados como hitos de la historia universal, como un ejemplo de la valentía de los pueblos o, en el peor de los casos, habrían sido carne de guión de cuanta producción fílmica hubiera.
Pero solo sucedió en el Paraguay. Lejos de todo, ajeno a toda admiración, a algún respetuoso recuerdo, si no merecedora de una bien intencionada conmiseración.
4.500 combatientes, la mayoría de ellos con menos de 14 años, cuando no fueran heridos o mayores de 60, bajo el mando de un General que acababa de cumplir 30 años, se enfrentaban a 20.000 hombres de la alianza, de las tres armas, bien armados y conducidos por cinco experimentados generales del imperio: Pedra, José Luis Mena Barreto, José Antonio Correia de Cámara, Carlos Resín y Victorino José Carneiro Monteiro.
Cuando el Mariscal López llegó a Caraguatay, recibió por un chasque el informe de la situación del General Bernardino Caballero. Por el mismo medio le ordenaba que resistiera lo que fuera posible, que el ejército brasileño iba tras de él.
Ante la indicación, Caballero aceleró en lo posible su marcha, pero al salir a una vasta planicie, fue alcanzado por el enemigo. Sin tiempo para construir fortificaciones, sin contar con protecciones narurales que atenuaran sus desventajas, el Jefe paraguayo ordenó una imposible resistencia. Las tropas del imperio iniciaron las cargas que luego se sucedieron una tras otra.
Del contingente disponible por el jóven General, sólo el batallón Número 6, cuyo Jefe era el Teniente Coronel Bernardo Franco, estaba compuesto de veteranos. Este tenía, además, la asistencia de otro veterano, el Coronel Florentín Oviedo.
Caballero podía confiar en ellos. Ordenó a Franco que entretuviera al enemigo hasta que pudiera ubicar el resto de la fuerza en mejores condiciones para la defensa. Así, el mismo pudo llegar hasta el arroyo Yuquyry, posicionar su escasa artillería y desplegar sus tropas. Pero el enemigo ya cargaba de nuevo.
Aunque las baja eran considerables de una y otra parte, los aliados tenían la ventaja de reponer a sus muertos y heridos. Tenían además la ventaja de contar con armamentos y municiones de reposición. Los paraguayos ya habían perdido sus carretas y ante la falta de proyectiles para sus pocos cañones, cargaron estos con balas de fusil barriendo con ellas las columnas asaltantes.
Mientras Franco moría en el cumplimiento de la órden encomendada y Caballero vadeaba el arroyo para que la lucha se viera renovada también en ese lugar, oyóse de repente un lejano rumor, como el de una tempestad que se aoroximaba. Era la caballería de Cámara que llegaba a toda carrera.